En el Centro de Investigación Avanzada en Nutrición y Salud (CIANS) de la Universidad Finis Terrae, un hallazgo inesperado está abriendo una ventana de posibilidades en la lucha contra la metástasis. El equipo liderado por la investigadora Layla Simón ha descubierto que compuestos presentes en el cochayuyo y otras algas pardas podrían interferir en los mecanismos que permiten a las células cancerígenas expandirse por el organismo.
Aunque el cáncer sigue siendo una enfermedad de alto impacto global, es el proceso metastásico el que concentra la mayor gravedad. Este fenómeno depende, entre otras variables, de la capacidad de las células tumorales para consumir grandes cantidades de glucosa y utilizar esa energía para desplazarse y colonizar nuevos tejidos.
A partir de esta comprensión, el CIANS unió esfuerzos de dos líneas de investigación previamente independientes. Por un lado, la académica Salomé Mariotti había logrado obtener un extracto de algas con propiedades antitumorales. Paralelamente, Andrew Quest trabajaba con modelos experimentales que permiten estudiar el comportamiento metastásico.
Al integrar ambas aproximaciones surgió una pregunta clave: ¿podría este extracto marino alterar el metabolismo de las células tumorales?
Las pruebas iniciales indican que sí. De acuerdo con Simón, cuando las células cancerígenas son expuestas al extracto de algas pardas, disminuyen su capacidad de utilizar glucosa, reduciendo con ello su movilidad y su potencial para generar metástasis. Este efecto ha sido observado tanto en cultivos celulares como en modelos animales.
El avance, no obstante, requiere rigurosidad. Los investigadores subrayan que repetir cada experimento es fundamental para validar los resultados, un trabajo que demanda tanto tiempo como precisión. Aun así, el equipo ha logrado cumplir cada etapa de la investigación según lo proyectado.
Con los primeros hallazgos consolidados, el desafío ahora es determinar si estos compuestos pueden convertirse en un nutracéutico o en un coadyuvante farmacológico seguro y efectivo para humanos. Para ello, serán necesarios futuros ensayos clínicos que evalúen su impacto en pacientes.
Este proyecto chileno muestra cómo la biodiversidad marina local podría transformarse en una herramienta biotecnológica de alto valor, aportando nuevas alternativas para enfrentar una de las fases más letales del cáncer.







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