José Gregorio Hernández: el laico, el médico, el santo

José Gregorio Hernández: el laico, el médico, el santo

La beatificación de José Gregorio Hernández es el acontecimiento eclesial más esperado en la historia de la iglesia venezolana. Su figura despierta el fervor y devoción popular en todo el territorio, y no hay pueblo o ciudad en el que no esté la referencia e imagen del sencillo médico vestido de negro.

La beatificación misma se da en un contexto pertinente: la pandemia del COVID – 19, y la peor crisis humanitaria en la historia contemporánea de Venezuela. Por un lado, los médicos han sido los primeros afectados por la situación sanitaria, según cifras la ONG Médicos Unidos hay más de 500 fallecidos, entre el personal médico y de salud a causa del coronavirus. Por otro lado, el anuncio de la ONU en la intervención humanitaria con el programa de alimentación, solo demuestra las condiciones paupérrimas que atraviesa el país a causa del conflicto político de las últimas décadas, con responsables directos.

De José Gregorio Hernández destacan muchos aspectos, los cuales reflejan el compromiso de una vida que en todos los ámbitos se esforzó por el bien, la solidaridad y sobre todo, el cuidado de la dignidad humana a través del servicio humilde, en materia de salud.

José Gregorio, el laico

Un laico, seglar, sin aspiraciones jerárquicas, de a pie. José Gregorio Hernández vivió la radicalidad de su laicado en el contexto venezolano; con las costumbres de su época, sin actos heroicos sobrenaturales, solo sirviendo en su propia vida, en la propia historia, en el día a día. Aunque intentó en varias oportunidades una consagración religiosa, con especial atención a la vida ascética, comprendió con el discernimiento propio del espíritu, que su verdadero lugar era junto a los enfermos y los pobres.

Es interesante ver por que no fue sirviéndose de los pobres o de su profesión en lo que se destacó José Gregorio Hernández, sino sirviendo en la humildad y sencillez de los últimos, aunque pudo aprovecharse de las relaciones institucionales con el poder, no lo hizo, su entereza moral brilló como hombre de bien que prefería el servicio, antes que la efímera vanagloria de la autoridad.

Hernández, el médico

Como hombre de ciencia fue promotor de principales cátedras en la Universidad Central de Venezuela, el 04 de noviembre de 1891, por medio de decreto presidencial se fundan los estudios de Histología y Patología Normal, Fisiología Experimental y Bacteriología, y un día después es designado al frente de tan moderna y adelantada tarea al Dr. José Gregorio Hernández; ya que con una amplia experiencia en Europa era un estudioso de primera línea de los avances científicos mundiales, promoviendo la instalación del primer laboratorio de microbiología en el país, con el primer microscopio en todo el territorio nacional.

La medicina venezolona le debe la cientificidad en su diagnóstico, como paso a la modernidad, al gigante pero sencillo José Gregorio Hernández, profesor universitario y defensor a carta cabal de la vida y la salud, sin distinción, ni discriminación.

José Gregorio Hernández, santo

Sus virtudes humanas lo llevaron al servicio desinteresado, y como muestra que en el imaginario social, la misma gente lo haya bautizado como el ‘médico de los pobres’, resulta importante este aspecto porque aunque haya registros que confirman la relación de José Gregorio Herández con la familia de Juan Vicente Gómez, el recuerdo histórico lo señala al lado de los pobres y no de los poderosos. Nunca Hernández se asoció a poder despótico alguno, y vaya que en su época eran casi peores que los de ahora.

El testimonio de otros médicos de su época reflejan el olor a santidad en sus acciones cotidianas, el Dr. Luis Razzeti comentó: “hay virtudes que se pueden imitar, pero la castidad de Hernández, no”, como signo de la vivencia radical de su compromiso bautismal desde la fe. Castidad y pureza necesaria también hoy en día en una Venezuela golpeada por la corrupción en todos los espacios de la vida social y pública.

Como se dijo no eran actos sobrenaturales, sino sencillos y humildes; el beato en sus escritos refiere las actividades en un día y resultan tan simples que no puedan ser difíciles de imitar: “A las 7:00 a.m. asistía a la Santa Misa, recibía la Comunión. A las 8. tomaba un desayuno frugal; después pasaba toda la mañana en el laboratorio y sus clases. A las 12 almorzaba con carne o pescado, verduras y frutas. A la 1. la consulta con los pobres. A las 3 en punto abría su laboratorio en la Universidad; a las 6 tomaba una cena frugal y a las 8 se retiraba al dormitorio y solo salía para atender enfermos”.

Un santo en Maracaibo

Una anécdota, poco conocida, fue su visita a Maracaibo en 1889, el beato José Gregorio Hernández refiere sus días en la ciudad del sol amada: “Pasé siete días muy agradables en Maracaibo. El Hospital está muy bien atendido y edificado enteramente de acuerdo a la ciencia moderna: salas vastas y bien aireadas, muy limpias y camas y muebles en muy buen estado. Adjunto al Hospital y formando cuerpo con él, está el anfiteatro (…) una serie de salas largas como las de las clases de Anatomía de Caracas, aunque más angostas”. Por la época, posiblemente la referencia sea al Hospital Central de Maracaibo, fundado en el siglo XVII pero con una reapertura en el edificio actual que data del siglo XIX.

José Gregorio Hernández, un santo que como dice el Papa Francisco, es de los de la puerta de al lado, cotidiano y común. Que viene a llenar de esperanza a un pueblo sufrido en lo social, lo físico y lo moral, con el ejemplo traslúcido del bien y la bondad que brotan de una auténtica relación con Dios, al servicio de los demás.

 

Redacción: Rixio G Portillo
Documentación: Adolfo Villanueva