No es un sueño, es una pesadilla

No es un sueño, es una pesadilla

Con apenas 15 años, Estefanía Alexandra González Puche, estudiante venezolana de primero medio en el Cardenal Samoré, relata su percepción sobre la crisis chilena.

Era un viernes cualquiera. Tenía mis conversaciones típicas con mis compañeros de clase hasta que repentinamente tocaron el tema de una protesta: estudiantes de varios liceos de la ciudad iban a manifestarse en algunas estaciones de metro debido al alza de los precios del pasaje, había sido otro aumento más en el año, sin una explicación aparente.

No entendía sus rostros de felicidad al hablar de aquello, quizás porque viví protestas de otro tipo y por otras razones, sin embargo mi mentalidad de aquel momento era el simple pensamiento de: ‘otra protesta más, en unos días olvidarán porque estaban protestando’.

Desearía haberme equivocado; aquel día fue el principio de la tormenta que no solo azotaría a la capital si no a un país entero. “¡No son treinta pesos, han sido treinta años!”

Creo que aquella frase habla de los abusos a lo que es sometida la clase trabajadora y más humilde; sin embargo, los principales actores que salieron a protestar fueron los hijos de la clase media, algo muy curioso desde mi punto de vista.

Durante toda esta situación y como una simple inmigrante, siempre he pensado que no tengo ni voz ni voto en esta “lucha”.

Mis compañeros me explicaban de cómo los políticos y los ricos roban y no mejoran el tipo de vida de la clase pobre; sin embargo este gobierno sólo lleva dos años, muy poco tiempo, y aun así los anteriores gobiernos no mostraron querer cambiar ni un poco las condiciones en las que viven los pobres.

Se ha empezado a usar a los pobres como un escudo para tapar los verdaderos problemas sociales, que desde la caída de Pinochet ningún gobierno ha querido cambiar. Siete gobiernos de izquierda pudieron hacerlo, pero no movieron un dedo por su “amado pueblo” ni siquiera cuando Piñera llegó al poder el pueblo se quejaba de la pobreza.

“Si no hay pan para el pobre, no hay descanso para el rico”.

Gran frase, la cual veo muy utilizada en estos días; pero la mayoría de quienes la usan son adolescentes que quizás ni siquiera piensen en que podrían hacer ellos para ayudar a las personas con pésima calidad de vida, quizás antes ni siquiera, se paraban a mirar a la gente que debía soportar los inviernos en la calle.

En las últimas semanas gran parte del pueblo chileno ha salido de sus hogares, en contra del gobierno, sin embargo, nadie se ha puesto a pensar en las personas que no salen a las protestas, que no golpean sus cacerolas, que no apoyan a los militares o a los carabineros, ellos no creen que Chile despertó, ellos se sienten en una pesadilla. Muchos inmigrantes se sienten en una pesadilla.

Pueden cambiar esos problemas sociales que se viven día a día, la salud, las oportunidades de estudio de las personas; sin embargo, no es tan fácil como, algunos lo han dicho, “matar a Piñera”. Debe haber un esfuerzo en la sociedad, trabajar para poder vivir, no esperar las cosas fáciles, tener en mente de que la gente recoge lo que siembra. Condenar la violencia y los abusos, ya sean por carabineros, por políticos o por el propio pueblo.

Lo cierto es que a este pueblo noble le falta madurar, y comenzar a colocar límites a los gobiernos y que hagan su trabajo, administrar la justicia, garantizar la vida y la libertad.

Foto: Odailys Luque