Británicos sucumben ante el sabor de la arepa y el pabellón venezolano

Británicos sucumben ante el sabor de la arepa y el pabellón venezolano

Helios Gala y Karla Quetglas, dueños de Pabellón Venezuelan Food, preparan el mejor street food del Reino Unido.

Raúl Semprún

Una arepa de carne de res con patatas tempura preparada por Pabellón Venezuelan Food en Londres, durante el British Street Food, se convirtió en el mejor food truck o mejor gran sandwich de todo el Reino Unido.

Karla Quetglas, matrimonio caraqueño, lideran este emprendimiento gastronómico.

«Cuando anunciaron que habíamos ganado no me salían las palabras en inglés. Solo atiné a decir ‘gracias», recuerda Gala, quien asistió a la competencia en el prestigioso Hawker House del Canadá Water Space con sus padres y su esposa.

Tras el anuncio del triunfo de Pabellón Venezuelan Food el colorido puesto se llenó de una fila con unos 70 comensales que anhelaban probar sus manjares.

«Esperamos que este logro nos abra las puertas para instalar un segundo local», detalla Gala.

Pero la victoria es hija de la constancia. La pareja que llegó al Reino Unido en 2014 no tuvo el éxito esperado en su primer proyecto empresarial gastrónomico, con un producto híbrido entre los perrocalientes y las hamburguesas.

«Llegamos a este país sin dinero y sin hablar inglés», cuenta Gala. Así, apostaron por impulsar un estilo de cocina nueva, con un concepto que no caló. «Un día se nos ocurrió experimentar y hacer arepas por no dejar y fue un éxito total y rotundo», narra el ingeniero en sistemas graduado en la Universidad Andrés Bello.

A partir de ahí el matrimonio reinventó su fórmula gastronómica y apostó por crear Pabellón Venezuelan Food, un nombre que ganó terreno en los jardines del marketing, amparada en las recetas de la mamá de Karla con las caraotas y la carne y el pollo esmechado.

El éxito se encarriló. Lograron un puesto, solo para la venta de almuerzos, detrás de la estación Waterloo, un lugar con diversas conexiones. Participaron en dos ferias navideñas y esos dos años cerca del Puente Tower Bridge los catapultó en el gusto de la gente.

«Nuestros clientes son principalmente trabajadores británicos y de otros países. Los hemos visto comiendo arepa con tenedor. Sus expresiones de gusto resultan muy gratificantes», añade Karla.

La participación en el concurso nació de una convocatoria de Facebook para competir en el British Street Food en febrero. Karla, diseñadora gráfica, se lució con la presentación.

Dos semanas después el organizador envió un email de felicitación por resultar entre los 75 elegidos entre 3000 puestos. Gala aclara que minutos después del anuncio del aval, el responsable del evento pidió excusas y les informó que se había equivocado y no fueron seleccionados.

Sin embargo, un mes después les escribieron para anunciarles que estaban entre los elegidos. En marzo, los seleccionados fueron enviados a cinco regiones: Escocia, Gales y centro, norte y sur de Reino Unido. En esta última parada, con el pabellón vegano (caraota, aguacate, tajadas, pico de gallo y arepa) y la arepa de carne de res con batatas tempura, fueron uno de los ganadores de su zona.

«Estábamos muy asustados. Habían puestos súper elaborados, construidos con carpintería de alta factura y nosotros un toldo de tres metros por tres con decoración. Eso nos intimidó un poco…», sostiene Gala.

El jurado quedó marcado por la sazón venezolana, pero los asistentes, quienes tenían voto, aún más. Ellos le dieron el triunfo.

Seis meses después se llevan el premio mayor en su categoría. Los dos miembros del jurado, el ganador de la final europea de 2018 y un chef estrella de Michelín, al degustar ambos platos, demostraron su preferencia. «Uno de ellos no esperó los cubiertos y cuando llegué con ellos se había comido tres cuartos de arepa y saboreaba el juguito de la salsa de la carne», afirma Gala. El otro se comía las caraotas con las manos. Esa reacción los llenó de confianza.

Gala y Quetglas habían decorado su local con mucho cariño y compraron una campana para celebrar los votos de los comensales. «Ver el resultado en ese contexto fue especial», afirma la diseñadora criolla. Su esposo es optimista en torno de potenciales puertas abiertas a su negocio gastronómico.