Chile: Una nueva sociedad desde la Misericordia

Chile: Una nueva sociedad desde la Misericordia

Por Reynaldo Millán P.

Ante los últimos acontecimientos vividos en la ciudad de Santiago, y en otras partes de Chile, surge la pregunta: ¿Esto está orquestado o es una genuina queja social?, sobre esta cuestión tengo dos respuestas y me siento en la obligación moral de compartirlas para la reflexión de aquel que estime conveniente leer estas líneas.

La verdad que pocos quieren aceptar es que el mal existe, y en muchos casos se inocula en las personas y sociedades por medio de ideologías que buscan servir un ideal irrealizable o fantástico pero que al final siempre termina mal, con mayor miseria de la que ya existía. Lo sé muy bien pues viví en carne propia la destrucción de la República en mi amada Venezuela, bajo la promesa de lograr un cambio positivo para los pobres, justicia y convertirnos en una potencia de Latinoamérica, y ya saben cómo termino la historia: familias divididas, persecuciones, hambre, miseria, humillación y dolor, mucho dolor.

Mi pueblo cometió un error que le costó muy caro, tomó decisiones desde el resentimiento y el odio, desde la ira acumulada y esa fue nuestra ruina. Algunos creyeron que la venganza nos traería justica, paz y progreso, pero no fue así. Solo nos utilizaron para llegar al poder y adueñarse de lo nuestro, dejándonos sin hogar, sin tierra y sin familia, en pocas palabras dejarnos sin Patria. Nos creímos una nación poderosa, incólume e impenetrable a fuerzas externas o ideologías importadas, y la verdad es que nos dimos cuenta que fuimos soberbios, creyendo que exageraban cuando algunos decían: “Venezuela está en la mira del comunismo”, “Quieren convertirnos en una nueva Cuba”. Fuimos también muy ingenuos, quizás no estábamos preparados ante tanta maldad y planificación juntas, pero ya la experiencia nos ha enseñado y para mí es un deber alertarles que detrás del inicio de los hechos violentos de los días pasados, están los intereses de los grupos de izquierda que han perdido terrenos en los países latinoamericanos y ahora se han plegado para organizarse y causar desestabilización en las democracias, tratando de ganar liderazgo político, pedir la cabeza de los presidentes constitucionales y más peligroso aun, pedir un cambio de constitución que les pueda perpetuar en el poder. Es evidente que todo fue orquestado, han aplicado la misma receta.

Lo que más me preocupa, es que están utilizando quejas sociales totalmente válidas, que tienen al chileno de a pie cansado, agotado de un sistema que abusa de la clase más pobre y en donde se sienten explotados. Desde aquí mi segunda respuesta a esta interrogante: ¿Hay una queja genuina del pueblo?, sí que la hay, yo mismo lo viví en las calles de Santiago cuando no tenía para pagar el metro porque no me alcanzaba, lo vi cuando caminaba por el paseo Ahumada mientras protestaban por las AFP, exigiendo pensiones dignas para los ancianos, lo veo en los hospitales públicos llenos de listas de espera, y en un sinnúmero de quejas sociales que estaban allí, los signos eran evidentes, pero no fueron atendidos. Y como se dice en mi tierra «tanto va el agua al cántaro, hasta que se rompe», asi la paciencia del pueblo chileno llegó a su límite.

Sin embargo, no se dejen engañar, la violencia NUNCA será el camino. El único camino posible es el Amor. No existe otro camino. Solo las decisiones que surgen desde el Amor nos hacen realmente felices. Cristo dio su vida para enseñarnos esta verdad, el amor vence a la muerte. Cuando las decisiones brotan desde el odio o el egoísmo, causan mucho daño y dolor a nuestras sociedades. Por eso ante tanto mal que hemos visto en las últimas horas, nuestra única esperanza es la Misericordia de Dios; esa bondad infinita que perdona, salva, sana, consuela, restaura, levanta, hace justicia y devuelve la paz. Solo ese amor misericordioso de Dios es capaz de recordarnos nuestra propia “dignidad”, y nos hace reconocerla también en nuestros hermanos, nos inspira a ser mejores, bondadosos, justos, pensando primero en las necesidades del hermano. Es necesario elevar el espíritu para vivir no solo desde el beneficio propio, sino desde el beneficio común, pues como dice la palabra, el Espíritu nos ha dotado a cada uno de dones para el bien común (1 Corintios 12, 7) y este bien común no es más que la solidaridad cristiana que nos llama a vencer al flagelo del individualismo. No olvidéis que “mejor es poco con justicia, que gran ganancia en injustica” (Proverbios 16, 8).

Hoy Chile tiene la oportunidad de construir una nueva sociedad, basada en los valores de la Misericordia de Dios y su justicia, que es el corazón del evangelio. Detener la violencia y toda forma que propicie el odio como caminos para alcanzar la justicia, es menester. La justicia de Dios es el perdón, no la venganza. Todo aquel que se arrepiente de lo que ha hecho y enmienda su vida recibe esta justicia: el perdón que sana, salva y devuelve la paz. Cuanto bien hace el perdón en nuestras vidas, perdonarnos unos a otros y pedir perdón también por tantos errores y oídos sordos al clamor de nuestros hermanos más vulnerables. Hermanos chilenos, Dios les ha dado las herramientas y las posibilidades para salir adelante, tienen todos los medios para construir una sociedad desde el amor, la justicia y la verdad. Cuiden su patria, su democracia, su institucionalidad, luchen por sus derechos, no se dejen engañar nunca por intereses ideológicos y políticos ocultos. Su deber ante estas horas cruciales de la nación, es seguir siendo ejemplo de nobleza y democracia para los pueblos de américa y el mundo entero.

Que Dios bendiga a Chile.

Mi humilde reflexión