Cuando vi a Ismael “El Mayo” Zambada declararse culpable en una corte de Brooklyn el pasado 25 de agosto, entendí que no se trataba solo del final de un capo legendario. Lo que ocurrió allí fue el inicio de un nuevo capítulo geopolítico que apunta directamente al Palacio
de Miraflores.
Mayo, el hombre que durante medio siglo sobrevivió a capturas y traiciones, ya no tiene nada que perder. Su sentencia de cadena perpetua y el decomiso de quince mil
millones de dólares lo dejan sin armas, salvo una: la inf… Esa información es dinamita, porque no solo desnuda al Cártel de Sinaloa. Señala también a sus aliados en Venezuela, al Cartel de los Soles y, por extensión, al propio Nicolás Maduro.
Y aquí el paralelismo con los años ochenta es inevitable: lo que Lehder fue para Noriega, Mayo puede serlo para Maduro.
Entonces, un testigo hundió a un dictador panameño. Hoy, un capo y un exgeneral —Hugo “El Pollo” Carvajal— ofrecen juntos el testimonio que puede dinamitar al régimen venezolano desde dentro y desde fuera.
La cronología reciente habla por sí sola. El 7 de agosto de este año, Washington elevó a cincuenta millones de dólares la recompensa por Maduro, la cifra más alta jamás ofrecida por un jefe de Estado en funciones.
Once días después, Estados Unidos desplegó siete buques
de guerra y un submarino nuclear frente a las costas venezolanas. Y mientras la presión militar se volvía visible, la diplomacia comenzaba a mover sus piezas: Argentina, Ecuador y Paraguay dieron un paso frontal, declarando al Cartel de lo… El cerco no se construye de un
día para otro. Se levanta ladrillo a ladrillo, declaración tras declaración, buque tras buque.
Y ese cerco, aunque aún no se cierre del todo, ya es asfixiante. Maduro podrá resistir con discursos, podrá gritar que es víctima de un complot imperialista, pero sabe que la diferencia entre propaganda y realidad es la existencia de testigos de peso.
Y ahora Washington tiene dos: un capo histórico y un exjefe de inteligencia chavista.
La historia de Noriega nos muestra que, cuando Estados Unidos decide terminar el juego, el desenlace no tarda en llegar. Entonces fue una invasión. Hoy, el escenario podría resolverse sin desembarcos, con un cerco judicial, militar y diplomático tan apretado que deje al régimen sin oxígeno.
La pregunta que queda no es si el guion terminará igual, sino cuánto tiempo más podrá Maduro sostener la fachada de poder antes de que la última página se escriba.
En política internacional, los paralelismos no suelen ser perfectos, pero cuando se repiten con tanta nitidez, conviene no ignorarlos. Maduro ya está frente al espejo de Noriega. Y los espejos, tarde o temprano, devuelven la imagen completa.
Autor: Henry Jaspe







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