El carpintero de la sonrisa franca

El carpintero de la sonrisa franca

Darwin Enrique Mejía Suárez, devoto de San Benito, destaca en Santiago al frente de su empresa Palermo Arte.

Conozca la historia de un venezolano que deja huella en Chile por su talento con la madera.

Texto y fotos: Raúl Semprún

Un día, no aguantó más y gritó: “¡No boten más esos desechos. Con eso se pueden hacer demasiadas cosas!”.

Darwin Enrique Mejía Suárez está en el patio de Pizarras Grecia, en la comuna San Joaquín, Santiago de Chile. Lo rodean, Iván Arroyo, propietario de la empresa, y sus compañeros de faena. El grupo no entiende a qué se refiere el carpintero, de 40 años, de facciones afrodescendientes.

El dueño se le acerca y le aclara que el excedente nunca se utiliza. Conversan y le pide la oportunidad para reutilizar los desperdicios y poder trabajar en tiempos libres y fines de semana.

Aprueban su petición.

“Con los desechos hice un centro de entretenimiento para la empresa, una biblioteca y un montón de artesanías”, confiesa Mejías Suárez.  Arroyo se sorprende del regalo. Huele el potencial. Y hasta le entrega las llaves del taller. Poco tiempo después, el propietario se lamenta de lo que se pudo hacer con tantos años de supuestos desperdicios.

La historia de Darwin es la siguiente: empieza a trabajar en Pizarras Grecia, en marzo de 2017, casi junto con arribar al país austral desde su natal Maracaibo. Inicia como el empleado con menor rango y su ingreso apenas supera el salario mínimo, unos 300.000 pesos, equivalentes a unos 440 dólares; al mismo tiempo, la empresa suma 25 años en la fabricación de pizarras acrílicas, vitrinas y atriles, especiales para colegios, universidades y oficinas.

Darwin Mejía despunta en Chile por su talento como carpintero. Su historia de superación es un ejemplo entre los inmigrantes venezolanos.

Su entusiasmo, humildad y experiencia en carpintería desde 1996, lo ungen en la compañía. Es una persona afable, de buen humor, noble y con una sonrisa que no sabe esconderse. Eso abre puertas con la potencia de un esmeril.

Dos meses después, lo ascienden a jefe de Taller y le doblan el salario. Luego, por su proactividad, le asignan un bono equivalente al cinco por ciento de los ingresos de la firma.

Arroyo destaca sus aportes en función de sacarle provecho a la materia prima y a su excelente filosofía en el manejo de personal. En diciembre de 2017, nueve meses después, con resistencia de parte de la empresa, y con ahorros propios de su esfuerzo, regresa a sus orígenes: emprende. Su jefe –ahora, su amigo- le propone asociarse; pero, inicialmente, no lo acuerdan.

Se independiza.

Así nace Palermo Arte, una empresa cuyo nombre evoca a la ciudad de donde es nativo San Benito, el santo negro que, Darwin y su familia, veneran.

Viaja en el tiempo y se ve adolescente. Con 14 años. Vive en una humilde casa de bloque limpio junto con su madre y su hermano mayor. En su mente, las ganas de aprender carpintería lo llevan a formarse en la Escuela Técnica Industrial de Sierra Maestra, en san Francisco, en el Occidente venezolano. Allí, absorbe y aprende.

Su primera obra, a riesgo, se la hace a su tía. Es un gabinete de cocina.

Él acuerda con ella hacer el trabajo y recibir como pago el dinero para comprar  una caladora. El trabajo queda tan bien que su mamá quiere lo mismo y le cancela con el monto equivalente al de una sierra manual.

A un tío le remodela el restaurante y suma más herramientas.

“Los primeros años crecí gracias a trabajos que le hice a mi familia y conocidos”,  recuerda Darwin.

Monta su propia carpintería y despunta. Comienza a facturar en 2003. Imparte clases en la Escuela Artesanal de San Jacinto, de donde se retira porque afectó su concentración con el negocio.

Mejías Suárez reconoce, al mirar atrás, los vaivenes de la vida. Y, advierte, que la capacidad para abrirse paso en la adversidad, nutre.

Levanta su galpón y suma a Denny Álvarez, como su trabajador, compra un camión y se diversifica. En 2011, protagoniza un accidente vial que amenaza con hundirlo a él y su negocio. Pero se repone.

Muda su carpintería a la avenida principal del barrio La Rinconada. Desde allí se convierte en distribuidor de muebles de baño en las más importantes tiendas de cerámica del occidente venezolano. Con esa experiencia y la promesa de apostar por su gente y su familia, arriba a Santiago de Chile.

Siéntese frente a una computadora o saque su dispositivo manual. Ingrese en www.palermoart.cl y maravíllese con lo que ve.

“Somos una empresa con más de 15 años de experiencia en la fabricación de muebles de cocina, baños, closets, centros de entretenimiento y todo lo referente al trabajo de materiales nobles, nos destacamos por nuestros diseños en 3D a la medida para la presentación de los proyectos”, se lee en la web.

Ahora, créame, en esta oportunidad el dicho no supera al hecho: cocinas, escaleras, juguetes, closets, centros de entretenimiento, bibliotecas, artesanías. Todo en madera y con acabados verdaderamente magistrales, referencian hacia donde se dirige este proyecto convertido en realidad.

Darwin es optimista. Tiene maquinaria y herramientas surtidas. Siente que en dos años avanzó lo que le costó siete años en Venezuela.

Se llevó a sus tres hijos, a su esposa, a su madre y a  su hermano. En abril, también ayudó a emigrar a Denny, a quien le habló de las oportunidades en Chile y apostó por el mismo sueño.

Tiene su galpón y se encuentra registrado como empresa, cuya sede se encuentra en la Comuna La Cisterna al sur de Santiago. “Esta vez comencé a facturar en año y medio y no en siete años. He avanzado rápido”.

Actualmente es socio de Arroyo y expande su talento en la elaboración de piezas de madera para bibliotecas escolares. A la par afianza una especie de alianza con emprendedores venezolanos, a quienes les lleva la mercancía a consignación y a quienes elabora lo que ellos le pidan.

Todas las semanas, acude a la iglesia Sacramental, ubicada en la Arturo Pratt con Santa Isabel, lugar rescatado y consolidado como uno de los puntos de encuentro infaltable entre los criollos en la capital santiagueña.

Confía y advierte que no olvida a su país y que espera retornar en algún momento. Insiste que el camino que contempla es inmenso en Chile: “Solo falta que me conozcan más”.