«Viajamos obligados y nos trataron como delincuentes»

«Viajamos obligados y nos trataron como delincuentes»

Pareja venezolana que viajó con otros 58 extranjeros en el micro de Jujuy a Buenos Aires fue entrevistada por Clarín.

Pese al cansancio por el estresante y accidentado viaje desde La Quiaca, los sustos en cada retén y los malos momentos de los últimos días, Benito (24 años, venezolano, diseñador gráfico y fotógrafo) conserva una voz dulce y serena. Junto a su esposa, Cristina (25, también venezolana fotógrafa y abogada) aceptaron hablar con Clarin desde el Hotel Rochester, ubicado en el microcentro porteño. Allí, hacen la cuarentena obligatoria por el avance de la pandemia del coronavirus​.

Hasta allí llegaron exhaustos el jueves por la noche, escoltados por la Policia de la Ciudad y ese será su hogar durante las próximas dos semanas. «Nos trataron como criminales, como si fuéramos narcotraficantes. Yo entiendo que son operativos, que se tienen que hacer. Pero fue demasiado arbitrario el trato que recibimos, un atropello y un disgusto sumamente horrible», contó Benito.

Benito y Cristina son dos de los 59 extranjeros que el jueves pasado el mediodía fueron demorados sobre la Avenida General Paz a bordo de un micro que había partido de La Quiaca, con escala en San Salvador de Jujuy, la mañana del 1° de abril.

El caso se convirtió rápidamente en´un escándalo donde volaron acusaciones y en la guerra de pasteles quedaron salpicados el gobernador de Jujuy, Gerardo Morales​ -responsable último del charter-, funcionarios nacionales de transporte que autorizaron el viaje y las autoridades policiales que, al parecer, desconocían el estado de «autorizado» del ómnibus.

Una situación bastante surrealista en plena pandemia que se volvió dramática al constatarse que una de las pasajeras, una mujer de 38 años peruana naturalizada argentina, tenía 40 grados de fiebre. Allí mismo se aplicó el protocolo y fue llevaba al hospital Pirovano ​a la espera de un diagnóstico.

En cuanto a Cristina Y Benito, ellos llegaron a la Argentina por tierra a mediados de marzo y quedaron atrapados en La Quiaca por las restricciones de movimientos decretadas para combatir la expansión del coronavirus.

-¿Cómo era el plan de ustedes en la Argentina, antes de la cuarentena?

-Yo había venido antes a la Argentina. Estabamos en Perú pero allí nos trataban muy mal por ser venezolanos así que le dije a mi esposa «veamos qué oportunidades nos puede brindar la Argentina». Yo sé que son muchas porque los argentinos son cariñosos, te tratan bien y si pasás por necesidades, te ayudan. Esas son las cosas que me encantaron desde la primera vez que yo vine a la Argentina.

-¿Iban a intentar suerte en Buenos Aires?

-Mira, nosotros teníamos dispuesto ir a La Pampa, a General Pico, porque tengo conocidos allá de la primera vez que viajé, tengo amistades. Pero por el tema de la cuarentena no me podían recibir porque tienen niños. Por eso yo le dije a mi esposa «vamos a Buenos Aires a ver qué podemos hacer, cómo resolvemos». Eso lo teníamos pensado hasta que ocurrió lo que todo el mundo sabe: nos sacaron de allá, de La Quiaca, de manera arbitraria y ahora estamos acá cumpliendo nuevamente con otros 14 días de cuarentena para descartar que alguno de haya sido contagiado por el virus.

-¿Cuándo llegaron a La Quiaca?

-Llegamos a la Argentina el 16 de marzo. Pasamos de manera regular por la frontera, todo legal, pasaporte sellado. Todo. Y nos agarró la cuarentena por el coronavirus. Las fundaciones que se hacen cargo de nosotros son ADRA (Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales), la Cruz Roja, y CAREF (Comisión Argentina para Refugiados y Migrantes). Ellos nos ayudaron con el tema de la estadía, de donde íbamos a pasar la cuarentena, que de hecho hicimos y cumplimos en La Quiaca.

-¿Cómo siguió todo?

-Nos alojaron en el Hotel Frontera con nuestros compañeros: somos 18 contando a los niños. Ahí pasamos nuestra cuarentena completa, los 14 días. Y el dia 15 llegó la esposa del intendente (Blas Gallardo) y nos dijo que ya está, que no estamos enfermos y que tenemos que desalojar el lugar. Cuando le preguntamos qué pasaba si nos queríamos ir nos dijo que nos iban a sacar por la fuerza porque ellos ya no nos podían tener ahí.

-Y el micro llego al día siguiente.

-Sí, llegaron, nos hicieron un chequeo supuestamente para hacer los permisos. Los permisos están prácticamente a puño y letra y están avalados por psicólogos y psiquiatras ¡Imaginate! . Tomamos la decision de abordar el micro porque nos habían dicho que ya todas las provincias por las que íbamos a pasar estaban al tanto de nuestro viaje hacia Buenos Aires.

-Pero no fue así…

-Cuando llegamos a Buenos Aires fue un susto, un mal rato. Antes, en la terminal de ómnibus de Jujuy bajaron a todos los hombres, nos metieron en una habitación, nos mandaron a desnudarnos, revisaron nuestras cosas, nos trataron de una manera sumamente horrible y tiraron al piso la comida que llevábamos.

«A partir de ese momento el viaje se volvió literalmente un martirio… muchas horas y en cada control que pasábamos nos tenían prácticamente una hora, hora y media. Hasta que pudimos llegar a Buenos Aires, donde se presentó el problema. Ahí estuvimos desde la una y media de la tarde hasta las 22, hasta que nos hospedaron en el hotel Rochester», le detalla a Clarín Benito, quien aseguró que el maltrato tras ser demorados en General Paz fue notorio.

«Todo el proceso fue muy agotador, muy desagradable. Nos trataron sumamente mal porque -me imagino- pensaron que estábamos violando la cuarentena cuando en realidad no fue así. A nosotros nos obligaron a salir de La Quiaca. Nos obligaron con excusas, con mentiras ,con cosas que cayeron muy mal. Había niños, había bebés. Mi esposa tiene un primo acá, que está viajando con nosotros, que tiene dos bebés, una de dos años y otra dos meses. Imagínate esos dos bebés el riesgo que corrieron, más los otros niños, las otras familias. Los expusieron a la calle, al virus, con riesgo de contagiarse», cerró Benito, y confirmó que una chica que iba con ellos fue trasladada al hospital Pirovano, luego de que el aparato que marcaba la temperatura indicara que ella tenía 40 grados de fiebre.