“Aquí hay represión, pero en Venezuela era una cacería”

“Aquí hay represión, pero en Venezuela era una cacería”

Texto: Raúl Semprún – Foto: Ronaldo Schemidt (AFP)

La imagen de José Víctor Salazar envuelto en llamas con una máscara antigases se hizo merecedora del World Press Photo de 2018. El joven venezolano, con secuelas en 55% de su cuerpo, reside en Chile y habla de las protestas.

«Las manifestaciones (en Chile) me generan malestar e incomodidad. Mi casa está a pocas cuadras del epicentro de las marchas de estos días y mentiría si dijera que esta violencia no me recuerda lo que vivimos en Venezuela, en 2014 y sobre todo en 2017». El testimonio pertenece a José Víctor Salazar y lo ofreció al portal argentino Todo Noticias.

Salazar protagonizó la mejor foto del año según los World Press Photo, tomada por el fotoperiodista venezolano Ronaldo Schemidt, de la agencia France Presse (AFP), destacado en México. En ella se muestra su cuerpo en llamas, hoy de 29 años, durante una protesta contra el gobierno de Nicolás Maduro.

La instantánea fue tomada en Caracas, el 3 de mayo de 2017.

El ataque terminó con el 55% del cuerpo con quemaduras y luego de un tiempo de recuperación, emigró a Santiago, donde nuevamente le toca vivir de cerca un estallido social.

La historia clínica dice que después fueron muchas operaciones durante cuatro meses: piel injertada, cirugías en el brazo y cicatrices que no cierran en la espalda, el pecho y los tobillos.

Salazar llegó en junio de 2018 tras un largo viaje por tierra que logró hacer gracias a la ayuda de su familia. El país trasandino lo recibió bien -dice-, con trabajo y buena gente.

Sobre el momento de la fotografía, el 2018, contó: «Estaba luchando junto con mis amigos, me estaba acomodando la máscara que se me salía a cada momento y de repente me vi envuelto en llamas. Sentí mucho dolor. Alguien me socorrió y me llevaron en moto a una clínica», recuerda.

“Esta violencia me recuerda a mi país”, expresó el venezolano.

Salazar cree en el reclamo por un país mejor, pero no participa porque no es una causa que le pertenezca. “Estoy en un país ajeno. Soy venezolano y siempre lo seré. No estaría bien participar aunque espero que la crisis encuentre una salida”.

Sin embargo, piensa que la situación chilena no es comparable con la venezolana. “Nosotros estábamos peleando contra un monstruo, contra una tiranía de asesinos. Acá también hay represión, pero no es igual. En Venezuela hay estudiantes que todavía no aparecen. Nosotros marchábamos con máscaras y escudos porque nos respondían con disparos de plomo y bombas, las balas pasaban por nuestras orejas y veíamos correr sangre a nuestro lado. Era una cacería. Éramos David contra Goliat y nosotros perdimos”.