El día que bailaron los que sobran

El día que bailaron los que sobran

Douglas Pereira Medina
CNP: N° 24.860

Si bien Los Prisioneros, aquella agrupación de jóvenes estudiantes chilenos que en la década de los ochenta irrumpieron en la escena musical, fueron aclamados por éxitos como Tren al sur, Estrechez de corazón, Pateando piedras, entre otros, su legado sigue aún vigente por estos días.

En Chile se produjo recientemente una convulsión social producto del hastío de la mayoría de ciudadanos por una existente brecha de desigualdad que hay entre los privilegiados y los menos favorecidos, en un país donde la economía creciente y estable sitúa a esta nación como puntera en el sur continente americano, manteniendo a su vez índices de inflación bajos, de un solo dígito.

Sin embargo las riquezas producidas están muy mal distribuidas por lo que no satisface a quienes trabajan 45 horas semanales, y, en muchos otros casos hasta 65 horas, para cubrir sus necesidades más básicas.

El pasado viernes 25 de octubre se realizó «la marcha más grande de Chile», una concentración a lo largo de todo este país, pero que en la capital, Santiago, logró aglutinar, según mediciones oficiales del gobierno de la Región Metropolitana, un millón quinientas mil personas.

La concentración cívica, llena de mucho colorido, consignas, expresiones de indignación y reclamos hacia el establecimiento político chileno, alcanzó su climax cuando en uno de sus puntos ubicados frente a la Biblioteca Nacional, en la avenida Libertador Bernardo O’Higgins, mejor conocida como «La Alameda» se escucharon temas como El derecho a vivir, de Víctor Jara o El pueblo unido jamás será vencido, de Inti Illimani.

Pero fue El baile de los que sobran, tema emblemático de Los Prisioneros, la canción que se convirtió en el himno de la jornada, momento captado por la reportera Kassandra Widemann para Radio Cooperativa, siendo viralizada inmediatamente por redes sociales, del cual medios audiovisuales del país que transmitían en vivo todos los acontecimientos de esa tarde se hicieron eco, y hasta alcanzó reverberancia en otros países de la región.

Es así como resurgió un sentimiento entre los asistentes, la mayoría jóvenes que al compás de un centenar de guitarristas formados en una especie de ensamble y posados en el frontis de la Biblioteca Nacional, arrancaron lágrimas y las notas más enérgicas salidas a todo pulmón de las gargantas de cada alma que allí estaba presente, poniendo en evidencia que los reclamos de hace unos treinta años siguen siendo los mismos de hoy aunque con otras variantes, a pesar de un régimen político democrático y de un sostenido crecimiento económico que a la par no ha logrado satisfacer a una población que reclama para sí los beneficios de la bonanza que vive el país sureño.

Jorge González, compositor del popular tema y miembro de la ya disuelta banda, dijo al respecto en entrevista a la BBC que «estuvo muy lindo, pero es muy triste que todavía se tenga que seguir cantando».

Gobierno, empresarios y privilegiados están conminados a procurar que el próximo baile no sea con los que sobran.